Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como
en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas como también,
perdonamos a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén
“El
hombre sólo se puede comprender a partir de Dios, y sólo viviendo en relación
con Dios su vida será verdadera. Sin embargo, Dios no es alguien desconocido y
lejano. Nos muestra su rostro en Jesús; en su obrar y en su voluntad
reconocemos los pensamientos y la voluntad de Dios mismo”.
(Benedicto
XVI Jesús de Nazaret 2007)
Para mayoría de las
personas cuando habla y piensa en la disciplina de la oración, les causa un
impacto negativo que los aleja del gozo y el deleite de compartir un momento
especial con nuestro Creador y Padre; De cómo percibamos la oración y el empeño
que pongamos al realizar la oración, dependerá que esta influya de manera
correcta en nuestra vida. Pero ¿Cuántas veces hemos orado o rezado el Padre Nuestro?
¿Alguna vez nos tomamos el trabajo de meditar frase por frase, palabra por
palabra y descubrir el mensaje que tiene?
El Padre Nuestro es la oración que Jesús enseño a sus
apóstoles como nos lo menciona el evangelista Lucas 11; 1,4 “Aconteció
que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le
dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les
dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado
sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así
también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también
nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, más
líbranos del mal.”
Padre: Es el que nos ama, nos alienta, el guía y el
ejemplo. El principio y el fin, el pasado, presente y futuro de toda la
humanidad. Al recitar la oración del Padre Nuestro en el inicio, su primera palabra
es ¡ABBA! PADRE. Desde el inicio de la humanidad, el padre ha desempeñado un
papel muy importante en toda familia. Jesucristo en su predicación nos hace a
Dios más cercano, ya que Jesús es nuestro redentor y por él nos podemos dirigir a Dios como nuestro padre
y su Espíritu hace de nosotros hijos de Dios. El Padre Nuestro nos puede salvar
o nos puede condenar, no por el simple hecho de orar y decir: ¡Señor, Señor! no
voy a conseguir mi salvación, tenemos
que ser siempre coherentes tanto como en lo que decimos como en lo que
expresamos. Si yo digo padre, me tengo que comportar como hijo y Jesucristo es
el ejemplo vivo de cómo ser hijo. Al momento de orar al Padre estamos en
comunión con él y con su hijo, Jesucristo (1 Jn 1,3)
Nuestro: Padre “nuestro” se refiere a Dios. Este adjetivo,
por nuestra parte, no expresa una posesión, sino una relación totalmente nueva
con Dios. Cuando oramos al Padre, lo estamos adorando y lo glorificamos con su
unigénito y el Espíritu. Por Jesús, somos su pueblo, y él es nuestro Dios,
ahora y por siempre. Al decir Padre “Nuestro”
nos recuerda que somos iglesia de Cristo y que nuestro compromiso es
dejar a un lado nuestro egoísmo y dejar que sea verdaderamente nuestro. Lo que
consideramos nuestro, lo protegemos, lo amamos y nunca lo descuidamos, así
mismo es nuestra relación con Dios por medio de la oración y nuestros actos.
Que estas en el cielo: Esta expresión no designa un lugar,
sino la majestad de Dios que está en todo y en todos, del corazón justo y
humilde que acepta a Dios en su vida y lo hace presente por medio de sus
acciones Dios está en los corazones que confían y creen
en Él. Dios puede habitar en nosotros si se lo permitimos ya que Dios no está
fuera del mundo, sino que su presencia abarca más allá de todo lo que podemos
ver y tocar, así como nos lo menciona el Credo Niceno “Creador de todo lo
visible y lo invisible” si yo solo pienso en las cosas terrenales, en las cosas
mundanas no estoy dando testimonio en mi corazón.
Santificado sea tu nombre: “Ser santos porque yo soy santo”
(Lv 20,26), es la invitación a llevar una vida en santidad y depende de nuestra
vida y de nuestra oración que su nombre sea santificado o no. Pedimos que sea
santificado porque nosotros estamos en él por Cristo, pero también por los
otros a los que todavía no les llega la gracia de Dios ya que su egoísmo no les
deja ver su gracia. Expresamos a Dios nuestro deseo de que todos los hombres lo
conozcan y le estén agradecidos por su amor, la misión más grande de la vida y
la paga es un trabajo bien hecho. El santificar en nombre de Dios nos lleva a
tener en cuenta que santificado significa que es digno de respeto, santo entre
los santos y sagrado.
Venga a nosotros tu
reino: Yo puedo hablar la lengua de los hombres pero sino tengo amor no me
sirve de nada nos lo decía San Pablo en su carta dirigida a los Corintios, el
reino de Dios se manifiesta en la vida de los hombres por medio de sus actos,
es decir, yo puedo saber las bienaventuranzas, los mandamientos de la ley de
Dios y las obras de misericordia, pero de que me sirve saberlas si no las tengo
presentes en mi vida, es el hecho de confundir el éxito material y hacer con el
prójimo lo que queremos. El reino de Dios se hará presente si verdaderamente
Dios está en su corazón y en sus obras.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo: Lo que
ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra,
será desatado en los cielos. Si yo amo a Dios ¿Qué tanto soy capaz de hacer por
él?, la voluntad del Padre es que todos sus hijos sean felices, él no es ajeno
al sufrimiento humano pero en la vida del hombre tiene que haber sufrimiento
para que así él crezca. Aceptar su voluntad es dejar todo en manos de él y si
las circunstancias no son muy positivas, hay que coger la cruz, que esta sea la
más grande de las pruebas y seguir adelante.
Danos hoy nuestro pan de cada día: No solo de pan vive el
hombre, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios nos lo menciona Mateo,
para muchos o pocos hay una dificultad al momento de pedir como por ejemplo a
nuestros padres. Cuando pedimos a Dios el pan diario, estamos suplicando que no
nos falte el pan para cubrir nuestras necesidades varias, pero sin olvidar que
el alma también tiene necesidades y esa necesidad de alimento para el alma la
encontramos en la Eucaristía. También decir danos hoy nuestro pan de cada día
es un compromiso con Dios hacia nuestros hermanos, es el hecho de compartir con
el que no tiene y no robar la oportunidad de tenerlo, en otras palabras ser
misericordioso como el padre en misericordioso (Lucas 6,36)
Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a
los que nos ofenden: La misericordia y el amor del Padre es tan grande que
entrega a su unigénito por nuestra salvación. Jesucristo vino a este mundo a
perdonar y nos enseña que perdonando se llega al Padre, lamentablemente en el
corazón del hombre la huella del pecado sigue latente y esto hace que su
corazón sea rencoroso y no aprenda a perdonar a aquel que lo ha ofendido. Si yo
digo “perdona nuestras ofensas” debo ser consiente que mi corazón no guarde
odios contra el prójimo ya que al que se le perdonan los pecados, le quedan
perdonados y a quienes no se le quedaran retenidos.
No nos dejes caer en tentación: La tentación siempre va a
ser el impulso que me haga caer en pecado, la tentación no es ni buena, ni es
mala ella está presente hay como prueba ferviente de amor hacia Dios. Una
persona que amo no soy capaz de ofenderla, la ceguedad del hombre hace que se
aleje de su creador, dependerá de la fe del hombre si deja actuar al Espíritu
Santo cuando lo invoca con la oración para que este le de las luces para saber
qué decir, hacer, pensar y sobre todo evitar, evitar todas aquellas acciones
que me alejen del amor misericordioso de Dios.
Y líbranos del mal: Desde el principio de la creación el
mal siempre ha estado presente y más aún en el corazón de los hombres que no
tienen a Dios allí. El líbranos del mal, hace referencia al hecho de no dejar
que el poder del demonio tome partido en nuestra vida y no dejar que me aleje
de la gracia de Dios.
Amén: Así sea el compromiso que tengo con el Padre, no
puedo decir amén, si no tomo las palabras del Padre Nuestro enserio en mi vida.

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