lunes, 29 de febrero de 2016

Padre Nuestro


Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como
en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas como también,
perdonamos a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén




El hombre sólo se puede comprender a partir de Dios, y sólo viviendo en relación con Dios su vida será verdadera. Sin embargo, Dios no es alguien desconocido y lejano. Nos muestra su rostro en Jesús; en su obrar y en su voluntad reconocemos los pensamientos y la voluntad de Dios mismo”.
(Benedicto XVI Jesús de Nazaret 2007)
Para  mayoría de las personas cuando habla y piensa en la disciplina de la oración, les causa un impacto negativo que los aleja del gozo y el deleite de compartir un momento especial con nuestro Creador y Padre; De cómo percibamos la oración y el empeño que pongamos al realizar la oración, dependerá que esta influya de manera correcta en nuestra vida. Pero ¿Cuántas veces hemos orado o rezado el Padre Nuestro? ¿Alguna vez nos tomamos el trabajo de meditar frase por frase, palabra por palabra y descubrir el mensaje que tiene?
El Padre Nuestro es la oración que Jesús enseño a sus apóstoles como nos lo menciona el evangelista Lucas 11; 1,4  “Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.  Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal.”
Padre: Es el que nos ama, nos alienta, el guía y el ejemplo. El principio y el fin, el pasado, presente y futuro de toda la humanidad. Al recitar la oración del Padre Nuestro en el inicio, su primera palabra es ¡ABBA! PADRE. Desde el inicio de la humanidad, el padre ha desempeñado un papel muy importante en toda familia. Jesucristo en su predicación nos hace a Dios más cercano, ya que Jesús es nuestro redentor y por él  nos podemos dirigir a Dios como nuestro padre y su Espíritu hace de nosotros hijos de Dios. El Padre Nuestro nos puede salvar o nos puede condenar, no por el simple hecho de orar y decir: ¡Señor, Señor! no  voy a conseguir mi salvación, tenemos que ser siempre coherentes tanto como en lo que decimos como en lo que expresamos. Si yo digo padre, me tengo que comportar como hijo y Jesucristo es el ejemplo vivo de cómo ser hijo. Al momento de orar al Padre estamos en comunión con él y con su hijo, Jesucristo (1 Jn 1,3)


Nuestro: Padre “nuestro” se refiere a Dios. Este adjetivo, por nuestra parte, no expresa una posesión, sino una relación totalmente nueva con Dios. Cuando oramos al Padre, lo estamos adorando y lo glorificamos con su unigénito y el Espíritu. Por Jesús, somos su pueblo, y él es nuestro Dios, ahora y por siempre. Al decir Padre “Nuestro”  nos recuerda que somos iglesia de Cristo y que nuestro compromiso es dejar a un lado nuestro egoísmo y dejar que sea verdaderamente nuestro. Lo que consideramos nuestro, lo protegemos, lo amamos y nunca lo descuidamos, así mismo es nuestra relación con Dios por medio de la oración y nuestros actos.
Que estas en el cielo: Esta expresión no designa un lugar, sino la majestad de Dios que está en todo y en todos, del corazón justo y humilde que acepta a Dios en su vida y lo hace presente por medio de sus acciones   Dios está en los corazones que confían y creen en Él. Dios puede habitar en nosotros si se lo permitimos ya que Dios no está fuera del mundo, sino que su presencia abarca más allá de todo lo que podemos ver y tocar, así como nos lo menciona el Credo Niceno “Creador de todo lo visible y lo invisible” si yo solo pienso en las cosas terrenales, en las cosas mundanas no estoy dando testimonio en mi corazón.
Santificado sea tu nombre: “Ser santos porque yo soy santo” (Lv 20,26), es la invitación a llevar una vida en santidad y depende de nuestra vida y de nuestra oración que su nombre sea santificado o no. Pedimos que sea santificado porque nosotros estamos en él por Cristo, pero también por los otros a los que todavía no les llega la gracia de Dios ya que su egoísmo no les deja ver su gracia. Expresamos a Dios nuestro deseo de que todos los hombres lo conozcan y le estén agradecidos por su amor, la misión más grande de la vida y la paga es un trabajo bien hecho. El santificar en nombre de Dios nos lleva a tener en cuenta que santificado significa que es digno de respeto, santo entre los santos y sagrado.
 Venga a nosotros tu reino: Yo puedo hablar la lengua de los hombres pero sino tengo amor no me sirve de nada nos lo decía San Pablo en su carta dirigida a los Corintios, el reino de Dios se manifiesta en la vida de los hombres por medio de sus actos, es decir, yo puedo saber las bienaventuranzas, los mandamientos de la ley de Dios y las obras de misericordia, pero de que me sirve saberlas si no las tengo presentes en mi vida, es el hecho de confundir el éxito material y hacer con el prójimo lo que queremos. El reino de Dios se hará presente si verdaderamente Dios está en su corazón y en sus obras.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo: Lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos. Si yo amo a Dios ¿Qué tanto soy capaz de hacer por él?, la voluntad del Padre es que todos sus hijos sean felices, él no es ajeno al sufrimiento humano pero en la vida del hombre tiene que haber sufrimiento para que así él crezca. Aceptar su voluntad es dejar todo en manos de él y si las circunstancias no son muy positivas, hay que coger la cruz, que esta sea la más grande de las pruebas y seguir adelante.
Danos hoy nuestro pan de cada día: No solo de pan vive el hombre, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios nos lo menciona Mateo, para muchos o pocos hay una dificultad al momento de pedir como por ejemplo a nuestros padres. Cuando pedimos a Dios el pan diario, estamos suplicando que no nos falte el pan para cubrir nuestras necesidades varias, pero sin olvidar que el alma también tiene necesidades y esa necesidad de alimento para el alma la encontramos en la Eucaristía. También decir danos hoy nuestro pan de cada día es un compromiso con Dios hacia nuestros hermanos, es el hecho de compartir con el que no tiene y no robar la oportunidad de tenerlo, en otras palabras ser misericordioso como el padre en misericordioso (Lucas 6,36)
Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden: La misericordia y el amor del Padre es tan grande que entrega a su unigénito por nuestra salvación. Jesucristo vino a este mundo a perdonar y nos enseña que perdonando se llega al Padre, lamentablemente en el corazón del hombre la huella del pecado sigue latente y esto hace que su corazón sea rencoroso y no aprenda a perdonar a aquel que lo ha ofendido. Si yo digo “perdona nuestras ofensas” debo ser consiente que mi corazón no guarde odios contra el prójimo ya que al que se le perdonan los pecados, le quedan perdonados y a quienes no se le quedaran retenidos.
No nos dejes caer en tentación: La tentación siempre va a ser el impulso que me haga caer en pecado, la tentación no es ni buena, ni es mala ella está presente hay como prueba ferviente de amor hacia Dios. Una persona que amo no soy capaz de ofenderla, la ceguedad del hombre hace que se aleje de su creador, dependerá de la fe del hombre si deja actuar al Espíritu Santo cuando lo invoca con la oración para que este le de las luces para saber qué decir, hacer, pensar y sobre todo evitar, evitar todas aquellas acciones que me alejen del amor misericordioso de Dios.
Y líbranos del mal: Desde el principio de la creación el mal siempre ha estado presente y más aún en el corazón de los hombres que no tienen a Dios allí. El líbranos del mal, hace referencia al hecho de no dejar que el poder del demonio tome partido en nuestra vida y no dejar que me aleje de la gracia de Dios.


Amén: Así sea el compromiso que tengo con el Padre, no puedo decir amén, si no tomo las palabras del Padre Nuestro enserio en mi vida.

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